Cronología
- 354Nace en Tagaste (norte de África)
- 373Lee el Hortensio de Cicerón; se hace maniqueo
- 386Conversión en Milán
- 387Lo bautiza el obispo Ambrosio
- c. 396Obispo de Hipona
- 397-401Confesiones
- 413-426La ciudad de Dios
- 430Muere en Hipona, sitiada por los vándalos
1Contexto: el final del Imperio romano
Agustín vive en los siglos IV y V, cuando el cristianismo pasa a ser la religión oficial del Imperio romano (380), pero el Imperio de Occidente se derrumba: en el año 410 los visigodos de Alarico saquean Roma.
- Nace en Tagaste (en la actual Argelia) en 354. Su madre, Mónica, es cristiana; su padre, pagano. Estudia retórica en Cartago y en el año 373, con dieciocho años, la lectura del Hortensio de Cicerón le despierta el amor por la sabiduría.
- Busca la verdad por muchos caminos: durante nueve años es maniqueo (creen en dos principios eternos, el Bien y el Mal) y luego pasa por el escepticismo.
- Enseña retórica en Cartago, Roma y Milán (384). Allí le influyen los sermones del obispo Ambrosio y los libros de los neoplatónicos (Plotino). En 386 se convierte, tras oír una voz que le dice «toma y lee», y en 387 lo bautiza Ambrosio.
- Vuelve a África, es ordenado sacerdote y hacia 396 obispo de Hipona. Escribe muchísimo, polemizando con maniqueos, donatistas y pelagianos. Muere en 430, con Hipona sitiada por los vándalos.
- Obras: Contra los académicos, Del libre albedrío, Confesiones, De la Trinidad y La ciudad de Dios.

2Fe y razón: cree para entender
Agustín no separa filosofía y teología: las dos buscan la misma verdad, que es Dios. «No es una cosa la filosofía, es decir, el amor a la sabiduría, y otra la religión» (De la verdadera religión, 5, 8).
- «Cree para entender, entiende para creer» (Sermón 43). La fe va por delante y guía; la razón ayuda a llegar a la fe y, después, a comprender mejor lo que se cree.
- Se apoya en una frase del profeta Isaías, tal como la leía en su Biblia latina: «si no creéis, no entenderéis».
- La razón sola no basta para llegar a la verdad plena ni a la felicidad: necesita la fe.
3La verdad está en el interior
Contra los escépticos de la Academia, que decían que no se puede conocer nada con certeza, Agustín encuentra una verdad indudable: «Si me engaño, existo» (Si fallor, sum), porque quien no existe no puede engañarse (La ciudad de Dios XI, 26). En el mismo pasaje añade que sé que existo, que lo sé y que amo ambas cosas (ser, conocer y amar: una imagen de la Trinidad). En La Trinidad (XV, 12) suma otras certezas: sé que vivo y que quiero ser feliz.
- Del exterior…Los sentidos conocen los cuerpos, que cambian. Es el grado más bajo del conocimiento.
- …al interior…«No quieras salir fuera; vuelve a ti mismo: en el hombre interior habita la verdad» (De la verdadera religión, 39, 72).
- …y de ahí a DiosEn el interior la razón descubre verdades eternas e inmutables (como que 7 + 3 = 10), que están por encima de ella: apuntan a Dios.
¿Cómo conocemos verdades eternas si nuestra mente cambia y los sentidos solo dan cosas que pasan? Porque Dios ilumina la mente, igual que el sol hace visibles los objetos. Las Ideas de Platón no están en un mundo aparte: son las ideas de la mente de Dios, los modelos con los que creó todas las cosas. La razón tiene una parte inferior, que conoce las cosas temporales (ciencia), y otra superior, que contempla las eternas (sabiduría).
4Dios, la creación y el mal
- Dios es el ser supremo: eterno, inmutable, la Verdad y el Bien. La existencia de verdades eternas, superiores a nuestra mente, es una prueba de que existe (Del libre albedrío II).
- Dios creó el mundo de la nada (frente a los griegos, para quienes el mundo, o al menos su materia, era eterno), libremente y según las Ideas de su mente. Lo creó todo a la vez, con unas razones seminales, como semillas que se van desarrollando con el tiempo.
- Con el mundo nace el tiempo: no hay un «antes» de la creación. «¿Qué es, pues, el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé; si quiero explicárselo al que me lo pregunta, no lo sé» (Confesiones XI, 14). Es una «distensión» del alma: recuerdo del pasado, atención al presente y espera del futuro.
- El mal no es una sustancia (contra los maniqueos): es privación o ausencia de bien, como la ceguera es falta de vista. Todo lo que existe, en cuanto existe, es bueno. El mal moral nace del mal uso del libre albedrío, que se aparta del bien supremo para preferir bienes inferiores.
Tras el pecado original, la voluntad humana está debilitada: puede elegir el mal por sí misma, pero no salvarse sola. Necesita la gracia de Dios. Contra Pelagio, para quien el ser humano puede, con su libertad y su esfuerzo, evitar el pecado, Agustín defiende que sin la gracia no hay salvación.
5El ser humano y la felicidad
- Como Platón, ve al ser humano como un alma racional que se sirve de un cuerpo. El alma es inmaterial, inmortal y superior al cuerpo.
- Todos buscamos la felicidad, y solo la da Dios: «Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti» (Confesiones I, 1).
- Su ética es una ética del amor: «Ama y haz lo que quieras» (Comentario a la primera carta de san Juan, VII, 8). Lo importante es el orden del amor: amar cada cosa según lo que vale, gozar de Dios y usar las criaturas sin convertirlas en el fin último.

6Las dos ciudades y la historia
Cuando Roma es saqueada en el año 410, los paganos culpan al cristianismo. Agustín responde con La ciudad de Dios: «Dos amores fundaron dos ciudades: el amor de sí hasta el desprecio de Dios, la terrena; el amor de Dios hasta el desprecio de sí, la celestial» (XIV, 28).
- Amor de sí hasta el desprecio de Dios
- Busca la gloria, el poder y los bienes de este mundo
- Su símbolo: Babilonia
- Amor de Dios hasta el desprecio de sí
- Peregrina en este mundo hacia la vida eterna
- Su símbolo: Jerusalén
Las dos ciudades no son el Estado y la Iglesia: están mezcladas en la historia hasta el juicio final. La historia no es cíclica, como pensaban muchos griegos, sino lineal: tiene un principio (la creación) y un fin, y un sentido. Es la primera gran filosofía de la historia. La paz es «la tranquilidad del orden» (XIX, 13). En la Edad Media, algunos usaron estas ideas para defender que el poder del papa está por encima del de los reyes (el llamado agustinismo político).
7Compáralo y tráelo al presente
- Actualidad: las Confesiones son la primera gran autobiografía introspectiva; su análisis del tiempo vivido, el problema del mal, la relación entre libertad y responsabilidad, o la idea de que la historia tiene un sentido. Wittgenstein abre sus Investigaciones filosóficas (1953) con una cita de las Confesiones.

Conceptos clave
- Iluminación
- Teoría según la cual conocemos las verdades eternas porque Dios ilumina la mente, como el sol hace visibles los objetos.
- Interioridad
- La verdad se encuentra volviendo al interior del alma, no en el mundo exterior de los sentidos, y desde ahí se asciende a Dios.
- Si fallor, sum
- «Si me engaño, existo»: certeza que Agustín opone a los escépticos, porque quien no existe no puede engañarse.
- Ideas ejemplares
- Las Ideas de Platón situadas en la mente de Dios: los modelos eternos con los que creó todas las cosas.
- Creación de la nada
- Dios crea libremente el mundo sin partir de ninguna materia previa, y con él crea también el tiempo.
- Razones seminales
- Gérmenes que Dios puso en la creación y que se van desarrollando con el tiempo, dando lugar a nuevos seres.
- El mal como privación
- El mal no es una sustancia, sino ausencia de un bien que debería estar. El mal moral nace del mal uso del libre albedrío.
- Gracia
- Ayuda de Dios que la voluntad humana, debilitada por el pecado original, necesita para salvarse.
- Ciudad de Dios y ciudad terrena
- Las dos sociedades que fundan dos amores (el amor de Dios y el amor de sí) y que luchan, mezcladas, a lo largo de la historia.
Modo PAU
Ocho conceptos que valen puntos
- Comentario de texto: solo Murcia fija un texto de Agustín: La ciudad de Dios XI, 26-27 («si me engaño, existo»), a elegir con uno de Tomás de Aquino. En Madrid, la Comunidad Valenciana o el País Vasco no hay lista cerrada: puede salir cualquier fragmento o una pregunta sobre sus ideas (en el modelo vasco de 2025, una disertación sobre la felicidad).
- Relación con otro autor: con Platón (las Ideas y la iluminación), con Tomás de Aquino (fe y razón) o con Descartes («si me engaño, existo» y el cogito).
- Actualidad: la búsqueda de sentido y de la felicidad, el problema del mal, la libertad y la responsabilidad, o el tiempo vivido.
- Desarrollo: fe y razón, el conocimiento y la iluminación, Dios y el mal, o la filosofía de la historia. Los autores y textos exactos cambian según la comunidad.
- Iluminación (Agustín: Dios ilumina la mente) ≠ reminiscencia (Platón: el alma recuerda) ≠ abstracción (Aristóteles y Tomás: partir de los sentidos).
- «Si fallor, sum» se parece al cogito, pero Agustín lo usa contra los escépticos y para conocer el alma, no como cimiento de todo el saber, como Descartes.
- La ciudad de Dios no es la Iglesia, ni la ciudad terrena es el Estado: son dos amores mezclados en la historia.
- El mal no es una sustancia ni un segundo dios (eso decían los maniqueos): es ausencia de bien.
- Libre albedrío (capacidad de elegir) ≠ gracia (ayuda de Dios necesaria para salvarse).
Ponte a prueba
¿Qué responde Agustín a los escépticos? Compáralo con Descartes.
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Que hay al menos una verdad cierta: si me engaño, existo, porque quien no existe no puede engañarse. Descartes llega a algo parecido («pienso, luego existo»), pero lo convierte en el primer principio de todo el conocimiento; Agustín lo usa para refutar el escepticismo y volver al interior, donde encuentra a Dios.
Si Dios es bueno y lo creó todo, ¿de dónde viene el mal?
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El mal no es una cosa creada, sino ausencia de bien. Todo lo que existe es bueno en cuanto existe. El mal moral viene del mal uso del libre albedrío: el ser humano prefiere bienes inferiores al bien supremo.
Explica la diferencia entre la iluminación de Agustín y la abstracción de Tomás de Aquino.
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Para Agustín conocemos las verdades eternas porque Dios ilumina la mente desde dentro. Para Tomás, el conocimiento empieza por los sentidos, y el entendimiento obtiene lo universal de las imágenes sensibles, sin una iluminación especial.
Imágenes: San Agustín: Philippe de Champaigne (LACMA) (dominio público, Wikimedia Commons) · Agustín y Mónica: Ary Scheffer (dominio público, Wikimedia Commons) · San Agustín, de Botticelli: Sandro Botticelli (dominio público, Wikimedia Commons)